La esencia acústica de un cantante pop

Agustín Casanova se hizo conocido gracias a Márama, un producto creado por otro (Fernando Vázquez) y que gracias al impulso que tomó esa corriente llamada cumbia cheta o pop, terminó cobrando dimensión regional y hasta continental. Pero la rueda giró y Márama terminó siendo lo que es hoy: la banda de Agustín Casanova, ese muchacho de carisma irresistible que conquistó a niños y adultos, que se metió en el bolsillo a Marcelo Tinelli, que se hizo amigo de Luis Suárez y que fue merecedor de una entrega del programa Ídolos que va los miércoles por La Tele.

No se necesitó mucho para que todos se dieran —nos diéramos— cuenta que Agustín Casanova nació para estar en el escenario. Tiene algo, un toque especial que va más allá de gustos y opiniones, que hoy lo tiene como una de las figuras uruguayas más populares.

Entonces es lógico pensar que un día será cantante solista —de hecho, hace poco dio un concierto acústico a nombre propio porque así se lo propuso un boliche— y seguirá, como hasta ahora, convocando la atención de miles y miles de fanáticos. Todos, incluso en la interna de la banda, parecen saberlo, pero lo toman como parte de un proceso natural. El mismo proceso natural que hace que, atendiendo las inquietudes de su cantante, Márama vaya haciéndole cada vez más lugar a las baladas, a los acústicos, a una veta romántica que marcha a otro ritmo que la cumbia.

Así, en ese marco, es que la banda lanza hoy un videoclip de su canción “Lo intentamos” en versión acústica, despojada, sólo a guitarra y voz: es un producto puramente Casanova, aunque está firmado por Márama.

“Es de lo que más disfruto porque siempre me gustó mucho más el tema de las baladas”, dice Casanova a El País. “Me encanta cantar solo con una guitarra o un piano; cualquier instrumento que me acompañe, sencillo, me gusta mucho. No es lo mismo una balada con una batería y una cuerda de violines atrás que una guitarra sola acompañándome, pero son magias diferentes”.

Este lanzamiento encuentra a Casanova viviendo en Argentina porque, una vez más, está siendo parte de Bailando por un sueño; tratando de medir la exposición de su relación con Sofía González que es bailarina en el programa de Tinelli, y en la misión constante de mantener los pies sobre la tierra, misión en la que tiene un aliado.

—Abel Pintos siempre aparece entre tus referencias. ¿Qué encontraste en él que te hizo en un punto tomarlo como un modelo a seguir?

—Lo escuchaba hace mucho, pero hubo un cambio muy importante cuando arranqué con todo esto de Márama, porque entré en una crisis existencial. El éxito me estaba sobrepasando y no entendía lo que estaba pasando. Intenté ver una solución, buscar una salida a ver cómo podía hacer para controlar mi cabeza, y a ver cómo hacían los que estaban en una situación parecida a la mía, para poder manejar todo esto que es un caos. Y ahí fue cuando apareció Abel; empecé a ver que el tipo se tiraba al lado espiritual y empecé a investigar y a meterme de lleno, para poder salvar mi cabeza. Siento que me salvó porque con su forma de ser —si bien él no tiene ni idea de eso— aprendí a resolver ese problema. Creo que ahí se forma ese fanatismo, de la misma manera que puede pasar con las fanáticas de Márama. Las chicas que están mal, a través de las canciones que son estímulos de emociones, se ponen de buen humor, se refugian en esas músicas y detrás de esas músicas estamos nosotros.

—Estar en la banda, de nuevo en el Bailando y empezar a mostrar —tal vez no con tantas ganas— tu noviazgo, ¿le da un giro a esa crisis existencial, o te agarra con los pies en la tierra?

—No, ya estoy con una pisada más madura. Márama me ha hecho madurar en este poco tiempo, de una manera muy rápida y radical, porque se viven tantas emociones que uno aprende a la fuerza básicamente. Lo de mi novia no es algo tan grave, si bien para mí es importante porque yo no tengo novia hace mucho tiempo. Entonces a mí me afecta un poco porque sé cómo funciona el medio y sé que no está muy buena, a veces, la sobreexposición. La sobreexposición generalmente te trae problemas y no beneficios, más allá de algún seguidor en Instagram. Y para la relación no creo que sea tan bueno, porque al vos exponerte tanto abrís un abanico de opiniones, y en el abanico está muy dicho que no tenés que hacer caso a lo que digan los demás, pero eso no existe. Cuando estás bajo de energía o de vibraciones te afecta hasta lo más mínimo. Entonces es algo que puede terminar arruinando la relación, y por eso es que no tenía ganas, porque una vez que decido hacer algo con alguien, no tengo ganas de que por culpa de otra persona se arruine mi relación.

—¿Tratás de transmitirle esa manera de ver la vida a tus propios seguidores?

—Es una mezcla de varias cosas. Porque yo soy un chico de 23 años, tampoco puedo especializarme en dar un consejo de vida porque ni he vivido mucho ni soy un supersabio. Pero mis experiencias de la vida, que a mí me sirvieron, intento volcarlas a las personas que me siguen y sé que me escuchan. Siempre desde el lado de la buena onda y del amor; no voy a intentar volcarles algo malo. Pero nunca sé. Me he equivocado muchas veces. He dicho que la gente tiene que luchar por los sueños, porque una vez que los cumplen se logra eso que llaman felicidad, y después pensando y pensando me di cuenta que no es así. Que en realidad el proceso en que uno lucha por ese sueño ya tiene que ser feliz, que la felicidad viene por otro lado. Entonces ahí ya me estoy retractando: tenés que ser feliz desde antes, y cuando llegues es una alegría.

—¿Por qué luchás hoy?

—Me di cuenta que me encanta ser cantante, pero creo que es parte de mi trabajo. Lo que sí entendí es que el proceso que yo pasé era sobre una misión, y la misión mía de vida creo que sería la de un comunicador de esas experiencias que te digo. Experiencias que hacen que quizás los niños o quienes me sigan, se lleven algo bueno de eso. Entonces creo que ahora es ser comunicador, obviamente usar como herramienta la fama, el canto y todo lo que venga. También tengo otros objetivos que son tener mi familia, mi hijo o mi hija, lo que sea que tengo que tener. Y ayudar, al mundo, a la gente, a Uruguay, a lo que se pueda. Básicamente es eso: quedar como un referente de algo positivo, para que cuando la gente siga algo mío, que sí o sí sea un beneficio positivo para el mundo o por lo menos para él.

UNA BAJA EN MÁRAMA Y UN REPERTORIO QUE TOMA FORMA.
—El hecho de que este video se presente como de Márama pero seas solo vos con el guitarrista, ¿te parece que se presta para confusión, justo en un momento en que un integrante deja la banda?

—Al revés, no creo que sea malo. Hace poco fui a tocar como Agustín Casanova a un lugar y después de que pasó eso, ya se abrieron otros lugares que me piden más como Agustín y no como Márama. Son diferentes shows, diferentes propuestas, diferentes lugares sobre todo. Soy yo solo; pero eso no quiere decir que me tire como solista.

—¿Qué repertorio hiciste?

—Hice canciones de Abel Pintos, de Mercedes Sosa, Gustavo Cordera y algunas de Márama. Yo prefiero hacer canciones que no son mías porque el sentimiento que tengo cuando canto esas canciones es diferente al que tengo cuando canto las de Márama. No me gustaría hacer solamente canciones de Márama porque para mí sería un show más.

—¿Cómo viviste la salida de Marcos Ifrán?

—Es supertriste porque es una persona que nos acompañó durante tres años. Pero logré entender que esto seguro va a pasar con mucha más gente; Pablo seguramente se va a ir, Pepe o cualquiera de los otros músicos que estén, porque son procesos de la vida. Si en algún momento me llego a tirar como solista me gustaría que todos los que están ahora me acompañen; yo se los dije, ya son como mi familia.

Fuente: El País

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